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Tres tesis para fundamentar la capacitación

Por Gustavo Aquino, Presidente de Schein Transition Advisors

¿Qué pasaría si se prohibiera la capacitación? ¿De qué nos perderíamos?

Qué pregunta incómoda, dirán, habrá que pensar. No está mal que, de vez en cuando, reflexionemos un poco sobre nuestro hacer.

Primera tesis: La capacitación contribuye a la eficacia

Las organizaciones (empresas, ONG’s, sindicatos, iglesias, clubes, etc) se justifican y sustentan en el contexto social a través del logro de sus fines. La sustentabilidad de los seres vivos depende de su salud, la de las organizaciones, de su eficacia. Una organización que no es eficaz deja de exisitir. Todos los días consumimos productos de organizaciones que agonizan. Varios, algún día, compraron los últimos pasajes de Pan Am y otros deshicieron y encendieron las últimas cajas de cartón de Scholnik para hacer un asado.

En gran medida la eficacia reside en el ajuste entre la dotación y el sistema tecnológico, el grado en el que el personal domina las máquinas y herramientas a su dispoción.

En el siglo XXI predominan las tecnologías intangibles operadas a través de  sistemas complejos de computadoras en red. En el tránsito del siglo XX al actual, la capacitación vira de los programas para manejar máquinas y herramientas hacia el manejo de modelos, sistemas y programas. El trabajador de la sociedad del conocimiento, como lo definió el premio Nobel Gary Becker, depende mucho más de la capacitación que el trabajador manual. Por ejemplo, Renault logró, a mediados del siglo XX, formar a un operario en solo 11 horas; las habilidades psicomotrices requeridas en una planta automotriz de 60 años atrás dependían más de la práctica que de la instrucción. Por el contrario, quienes no trabajan con sus manos requieren mucha capacitación; desde la pieza de conversación de venta que requiere un “telemarketer”; hasta la formulación de planes plurianuales de investigación y desarrollo para un laboratorio de especialidades medicinales pasando por las técnicas de presentación de estados contables para las empresas que cotizan en la bolsa de Nueva York. Los trabajadores del conocimiento de nuestro mundo globalizado son “capacitación dependientes”.

Segunda Tesis: La capacitación favorece la innovación

Las organizaciones que compiten deben sumar la innovación a la eficacia. Se generan nuevas tecnologías cada día y éstas fluyen por internet. Innovar es apropiar para la organización los nuevos desarrollos, transformarlos en rutinas de producción o en productos. Los lectores que hayan pasado el medio siglo de edad recordarán los autos sin aire acondicionado, con una radio de presintonizado mecánico, con pocas posibilidades de pasar los 110 km por hora y consumiendo varios tanques en un viaje a la costa. Cambian los autos por innovación y también evoluciona la manera en la que éstos se fabrican. En la industria de la construcción, sobre todo en las grandes obras, es notorio cómo la innovación se ha vuelto la clave de la competitividad y sustentabilidad empresaria.

Las investigaciones que le valieron a Theodore Schultz el Premio Nobel de Economía demuestran que la innovación está en correlación directa con la formación. A medida que sube el nivel de instrucción crece la apropiación de las tecnologías disponibles. Schultz lo descubrió en la India, cuando como consultor de la FAO le plantearon el siguiente dilema: ¿Porqué campesinos al borde de la inanición no hacen uso de las tecnologías puestas a su disposición para aumentar la producción de alimentos? Como prolijo agrónomo con vicios de economista, armó sus estadísticas y notó que el rechazo a las nuevas tecnologías era endémico entre los campesinos menos formados y, a la inversa, que la adopción de las nuevas tecnologías, la innovación, se daba en familias en las que alguno de sus miembros había alcanzado un nivel de instrucción por encima de la media.

La innovación es una variable dependiente de la formación y la productividad es variable dependiente de la innovación.

Tercera Tesis: Sin capacitación no hay crecimiento sustentable

La capacitación es necesaria para mantener y desarrollar el nivel de formación del mercado laboral y por ende, la sustentabilidad del crecimiento económico.

Las empresas toman trabajadores formados por el sistema educativo y otras empresas, si no las mantienen actualizadas y con nuevas formaciones, predan y agotan el capital intelectual que nos sustenta como sociedad.

El dispositivo de los seres humanos para el aprendizaje se comporta como un músculo, se potencia con el uso. Este músculo activo, como lo demostró Schultz, genera la innovación. Si la productividad implica el crecimiento de los resultados sin aumentar los recursos, operando cambios en el proceso o en las características de los insumos, la innovación es causa de la productividad. Por propiedad transitiva, el aprendizaje es la base de la productividad.

El no crecimiento de la productividad es la espada de Damócles que amenaza históricamente nuestros ciclos económicos. El mercado laboral argentino crece de a poco como resultado de una baja tasa de crecimiento vegetativo y la escasa migración. Ante las reactivaciones, este mercado de trabajo de baja elasticidad llega a la plena ocupación, se elevan los salarios y crece el consumo. Éstos son los ciclos de alza, los “go” de la dupla “stop & go”. La doble presión de salarios y ventas lleva al empresario a la respuesta fácil de subir los precios generando la inflación que acaba con el círculo virtuoso y genera recesión, los “stop” de la dupla fatídica. Por el contrario, aumentar la productividad invirtiendo, formando e innovando, permitiría mantener el nivel de precios satisfacer la demanda y mantener la rentabilidad del capital.

Escolio sobre la formación.

La Argentina de comienzos del siglo XX tuvo el beneficio de la furia educadora de Sarmiento. La Reforma Universitaria de 1918 le dio un segundo envión y cinco Premios Nobel, tres en ciencias, todos de universidades públicas. El desarrollo de la escuela técnica que pasó de 34.000 alumnos en 1945 a 86.000 en 1955, luego amplificado por el desarrollismo con el CO.N.E.T. La creación en Universidad Tecnológica Nacional (U.T.N.) en 1949 y la autorización de las universidades privadas dan un tercer impulso que llega hasta el fin del siglo con una crisis casi terminal por falta de inversión e innovación en educación.

La formación está en crisis, sus programas están desactualizados y el porcentaje de estudiantes de ingeniería y ciencias básicas decrece. Se necesita reformular la formación, tanto la escolar/ universitaria (formal) como la capacitación laboral (no formal) para acabar con el tormento de Sísifo.

Apéndice bibliográfico para curiosos y desconfiados

Becker, G. S. (1964). Human capital.New York: Columbia University Press.

Chapman, P. G. (1993). The economics of training. New York: Harvester Wheatsheaf.

Literature 13 (3), 827-846.

Middleton, J., Ziderman, A., & Adams, A. V. (1993). Skills for productivity: Vocational education and training in developing countries. New York: Oxford University Press.

Schultz, T. (1975). The value of the ability to deal with disequilibria. Journal of Economic

Schultz, T. (1981). The economics of population quality. Berkeley and Los Angeles, University of California Press.

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